jueves, 31 de enero de 2008

"Abraza la oscuridad", de Charles Bukowski


ABRAZA LA OSCURIDAD,
de Charles Bukowski.


La confusión es el dios,
la locura es el dios,

la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida,
pero la paz es siempre horrible.
La paz es la peor cosa
caminando,
hablando,
sonriendo,
pareciendo ser.

No olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles,
los suicidios de los amantes.

Aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.

La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas.

No hay dios,
no hay política,
no hay paz,
no hay amor,
no hay control,
no hay planes.

Mantente alejado de dios,
permanece angustiado,

deslízate.

miércoles, 30 de enero de 2008

"Casa tomada", de Julio Cortázar

Este cuento es uno de los más conocidos, por no decir el que más, del famoso escritor argentino Julio Cortázar.


CASA TOMADA,
de Julio Cortázar.


Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

viernes, 25 de enero de 2008

"Ausencia", de Jorge Luis Borges


AUSENCIA,
de Jorge Luis Borges.


Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nichos de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas;
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

jueves, 24 de enero de 2008

"La caída"

A continuación os dejo un relato que escribí hace ya algunas semanas. Se titula La caída. Espero que os guste.


LA CAÍDA


Aparcó su coche delante de aquel barranco alejado de la civilización, encendió la radio y escuchó sus discos favoritos por última vez. Todas sus canciones preferidas, una tras otra, todas de golpe, sin descanso. A continuación, salió del coche, lo cerró con llaves y se acercó al borde de aquel acantilado que se alzaba bajo sus pies y, sin pensarselo un segundo más, saltó.

Saltó porque no quería seguir viviendo, porque no le gustaba su vida, porque se había pasado muchos años luchando contra el mundo, dándolo todo por todos y no recibiendo nunca nada a cambio. Se había pensado mucho si debía saltar o no, era la decisión más importante de su vida, y tenía que pensarla a fondo. Pensó en cómo no había logrado ninguno de sus sueños, en cómo no había logrado ser aquel periodista famoso que tanto deseaba, en cómo no había viajado por el mundo como él quería, en cómo no había estudiado la carrera que a él le gustaba y en cómo no había conseguido ni siquiera afrontar aquella otra carrera que finalmente eligió. Pensó en cómo odiaba su trabajo, sus largas jornadas de doce horas, sus informes y más informes; pensó en cómo odiaba a su jefe, su casa, su coche, su rutina. Pensó en cómo jamás pudo estar con ella. Ella. Ella había sido la causante de todo: su felicidad, su alegría, sus mejores momentos, su vida; pero también su depresión, su tristeza... su muerte. No merecía la pena seguir viviendo, y por eso saltó.

Entonces, después de saltar, pensó en su infancia, en su padre, en su madre, en aquellos paseos por el parque, en su décimo cumpleaños, en sus amigos, en la bicicleta que los Reyes Magos le dejaron en aquel invierno del 86, en su primer ordenador, en su primer colegio, en sus amigos, en su segundo colegio, en el equipo de fútbol de categoría alevín en el que él jugaba, en el instituto, en sus amigos, en aquellas tardes de cine, en aquellas noches de alcohol y fiesta, en aquellas salidas al campo, a la montaña, a la playa, en la música, en sus amigos, en la universidad, en aquellos largos días de estudio, en aquellas largas noches de charlas y más charlas, en la cerveza, en sus amigos, en los viejos tiempos, en sus amigos, en los nuevos tiempos, en sus amigos, en los tiempos que están por llegar, en sus amigos, en los buenos momentos, en sus amigos, en los malos momentos, en sus amigos... y decidió que no quería morir. Pero ya había saltado.

miércoles, 23 de enero de 2008

"No ser alguien, ser nada...", de Fedor Sologub

Aquí os dejo un poema del poeta ruso Fedor Sologub, titulado No ser alguien, ser nada... Espero que os guste.


NO SER ALGUIEN, SER NADA...,
de Fedor Sologub.


No ser alguien, ser nada,
ir hacia el gentío, soñar, mirar,
con nadie compartir los sueños
y nada pretender.

martes, 22 de enero de 2008

"Sinceramente tuyo", de Joan Manuel Serrat

Aquí os dejo la letra de una canción que me gusta mucho: Sinceramente tuyo, de Joan Manuel Serrat.


SINCERAMENTE TUYO,
de Joan Manuel Serrat.


No escojas sólo una parte,
tómame como me doy,
entero y tal como soy,
no vayas a equivocarte.

Soy sinceramente tuyo,
pero no quiero, mi amor,
ir por tu vida de visita,
vestido para la ocasión.
Preferiría con el tiempo
reconocerme sin rubor.

Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.
Del derecho y del revés
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.

Nunca es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio.

Y no es prudente ir camuflado
eternamente por ahí
ni por estar junto a ti
ni para ir a ningún lado.

No me pidas que no piense
en voz alta por mi bien,
ni que me suba a un taburete
si quieres, probaré a crecer.
Es insufrible ver que lloras
y yo no tengo nada que hacer.

Cuéntale a tu corazón
que existe siempre una razón
escondida en cada gesto.
Del derecho y del revés,
uno sólo es lo que es
y anda siempre con lo puesto.

Nunca es triste la verdad,
lo que no tiene es remedio.

lunes, 21 de enero de 2008

Aforismos dispersos - Año 1918


"Después de la muerte de una persona, se produce, incluso en el mundo terrenal, un singular silencio bienhechor en lo que respecta al muerto: por fin ha cesado aquella fiebre terrenal, no se ve ya continuar aquella muerte, parece que se ha subsanado un error, es incluso para los vivos una oportunidad de tomar aliento, por todo lo cual también se abren las ventanas de la habitación del muerto, hasta que se descubre que todo es apariencia y empiezan el dolor y los lamentos".

Franz Kafka

domingo, 20 de enero de 2008

Hoy no tengo nada que escribir (II)

Y pensar que estuvimos tan cerca... quizá una palabra distinta en cualquier otro momento y las cosas estarían mucho mejor... Supongo que fue el miedo al fracaso (o al triunfo) lo que me hizo quedarme quieto, no hacer ni decir nada. Después, cuando me dí cuenta, ya era demasiado tarde para cambiar las cosas. Un solo gesto distinto y ahora no estaría escribiendo estas palabras; un solo gesto distinto y mi vida entera habría cambiado... a mejor. El jodido temor en momentos clave es lo que me ha hizo fracasar. No dije lo que tenía que decir en el momento de decirlo, y no hice lo que tenía que hacer en el momento de hacerlo. Y por eso ya llevo meses lamentándome, meses mirando al pasado, echándolo de menos, y meses sintiéndome impotente ante esta situación en la que nada puedo hacer. Ha acabado, es el fin, y no quiero aceptarlo. Pero es así y no puedo cambiarlo, es lo que hay.

Y aún hay más. Sé que las cosas van a ir peor. No sé ni la hora, ni el día ni tampoco el mes, pero sé exactamente qué es lo que tiene que suceder para que vayan a peor. Y sé que será pronto. Por eso, a cada día que pasa no veo más que un día menos para el fin de mi vida. Sé que aún estoy a tiempo para conseguir levantarme, para evitar que ese fin llegue en ese momento antes mencionado, pero por desgracia no depende solo de mí. Si no consigo levantarme antes de ese maldito día, todo habrá acabado. No quiero saber qué será de mí entonces.

Y a pesar de lo destrozado que estoy, todavía no puedo dejar de imaginarme lo que me imaginaba antes: los mismos recuerdos, el mismo futuro... Solo que ahora ya sé que nada es real, que nunca lo será, y por eso no puedo evitar odiarme cada vez que pienso en ello. Por eso me odio cada día.

Tengo que darle sesenta veces al boton del móvil para volver a leer el último mensaje tuyo de aquellos tiempos buenos. Sesenta veces. No puedo evitar llorar al leerlos, igual que no puedo evitar llorar al preguntarme cómo hemos acabado así y no encontrar ninguna respuesta. No entendí nunca ese comportamiento hacia mí, nunca supe qué había hecho y nunca obtuve ninguna explicación. Y ahora, como antes, me paso el día pensando en ti, pero con una diferencia: yo ya no te importo. Yo no decidí sacarte de mi vida, fuiste tú la que decidió echarme a mí. Y todavía no sé por qué. Creo que no hay un por qué.

Y lo peor de todo es que todavía te quiero...

sábado, 19 de enero de 2008

Aforismo 52


"En la lucha entre el mundo y tú, ponte de parte del mundo".

Franz Kafka

Aun con el mundo entero en mi contra, tal y como sucede ahora, seguiré peleando yo solo frente a todos, pues prefiero morir antes que unirme al bando de los que me quitaron la vida.

"La partida", de Franz Kafka


LA PARTIDA,
de Franz Kafka.


Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:

-¿Adónde va el patrón?

-No lo sé -le dije- simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.

-¿Así que usted conoce su meta? -preguntó.

-Sí -repliqué- te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.


viernes, 18 de enero de 2008

Aforismos dispersos - Año 1920


"Me he pasado la vida resistiéndome al placer de acabar con ella".

Franz Kafka

jueves, 17 de enero de 2008

"Un sueño dentro de un sueño", de E. A. Poe


UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO,
de Edgar Allan Poe.


¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

miércoles, 16 de enero de 2008

Hoy no tengo nada que escribir

Vivimos aferrados a un sueño que nunca se cumplirá, aferrados a una idea que no es real y a la esperanza de que todo cambie en un futuro no muy lejano; vivimos aferrados a falsas creencias que, sin embargo, aun sabiendo nosotros que son falsas, son la base que nos mantiene en pie día tras día, lo que nos hace pensar, aunque sea tan solo por un pequeño instante, que todavía sigue habiendo algo por lo que luchar. Pero no hay nada, esa es la realidad. Si una vez hubo algo, ya no lo hay. Si una vez hubo algo, no volverá. Y si no lo hubo, nunca lo habrá. Esa es la única verdad. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. La vida no cambia, nada cambia, esa es la realidad. Por muchas vueltas que des, por mucho que huyas, vayas a donde vayas, las personas nunca cambian, nada cambia, todo sigue igual. El que tiene suerte sigue con suerte y el que no la tiene nunca la encontrará. Es así.

Hay una frase que dice que ya que tus sueños no se van a hacer realidad, al menos sueña a lo grande. Pero no nos basta con soñar, todo eso son tonterías; es como vivir en un mundo de fantasía completamente distinto de la realidad, un mundo que durante un tiempo, ya sean días, semanas, meses o años puede servirte de refugio, pero ese mundo se acabará destruyendo para siempre, porque los sueños nunca se cumplirán. Cuanto más tiempo vivas en ese mundo más dura será la caida. Mucho más dura. Pero peor todavía es comenzar a caer y no llegar nunca a tocar el suelo. Entonces estás perdido. Así es la vida, una jodida mierda en la que la mitad de nuestros días nos los pasamos soñando y la otra mitad llorando por los sueños que nunca se han cumplido.

No importa lo mucho que luches o lo mucho que lo intentes, porque no depende de ti (o de mí) salir adelante, depende del tiempo... y a veces el tiempo se para aunque las horas sigan pasando, y entonces ya no depende de nada. Simplemente te quedas atrapado en un mundo que avanza mucho más deprisa que tú, y por mucho que corras y corras sabes que jamás conseguirás alcanzarlo. Puedes seguir intentandolo durante un año, diez o cien, pero nunca conseguirás pillarlo. Te has quedado atrás, y atrás no hay nada. Lo único que te queda es esperar con impaciencia (e impotencia) los días que faltan para que todo se termine por fin. Entonces ya no habrá llantos ni problemas, todo se habrá solucionado.

Sé que nunca vas a leer estas palabras, sé que nunca le vas a dar una oportunidad por el simple hecho de ser algo que yo mismo he escrito y sé que no sabes ni cómo me siento ni cómo estoy. También sé que, si por casualidad, algún día llegas a leerlo, nunca sabrás que todo esto que ahora escribo es por ti; al menos no querrás creer que es por ti, pero sí: es por ti, y por nadie más. No quiero ser una víctima más del sistema que nos rodea, al menos esa no es mi intención, pero creo que eso es algo que no depende de mí. Como he dicho antes, por mucho que luche no conseguiré nada. Como he dicho antes, por mucho que huya o corra, yo ya me he quedado atrás. No quiero ser una víctima del sistema, pero lo soy. Ahora solo me queda esperar, esperar mientras escribo todas estas cosas que nunca nadie leerá y mientras derramo las lágrimas que nunca nadie verá; esperar mientras pienso en todo aquello que nunca nadie pensará y mientras sigo soñando en esos sueños imposibles que nunca nadie soñará. O puede que sí, quién sabe.

Antes de despedirme por esta noche, solo quiero decir una cosa más: no importa lo que pienses, no importa lo que digas y no importa lo que hagas: tus sueños nunca se harán realidad.

martes, 15 de enero de 2008

Un par de palabras bastan

Y pensar que todo podría haber sido más fácil... solo un par de palabras habrían bastado. "Lo siento", ¿tan difícil es? Quizá con esas dos palabras nada de lo que después ha ocurrido habría sucedido... nada de lo que todavía está por pasar... Todavía no me puedo creer como la gente es capaz de estropearlo todo, de no reconocer la verdad, solo por mantener intacto el orgullo... todavía no me lo creo...

domingo, 13 de enero de 2008

Aforismo 67


"Corre detrás de los hechos consumados como un patinador principiante, que además practica en un lugar en el que está prohibido".

Franz Kafka

viernes, 11 de enero de 2008

"Poema 20", de Pablo Neruda

Este es el Poema 20, escrito por Pablo Neruda, y extraído de la obra 20 poemas de amor y una canción desesperada. Personalmente, el mejor poema de los veinte que componen dicha obra:


POEMA 20,
de Pablo Neruda.
(poema extraído de la obra 20 poemas de amor y una canción desesperada)


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

miércoles, 9 de enero de 2008

Aforismos dispersos - Año 1918

"Vemos a cada persona vivir su vida (o morir su muerte). Sin una justificación interior, ese sería un logro inalcanzable, nadie puede vivir una vida no justificada. Eso conduce a la creencia errónea de que el ser humano cimenta su vida con justificaciones".

Franz Kafka

martes, 8 de enero de 2008

"La ciudad", de Konstantino Kavafis


LA CIUDAD,
de Konstantino Kavafis.


Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada
languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará
tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques
- no la hay -,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.

domingo, 6 de enero de 2008

"Ante la ley", de Franz Kafka

A los pocos lectores de este blog, aquí os dejo uno de mis cuentos preferidos de Franz Kafka, Ante la ley:


ANTE LA LEY,
de Franz Kafka.


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

miércoles, 2 de enero de 2008

"Lágrimas que derramar"

Aquí os dejo la letra de la canción Lágrimas que derramar, de la película de Tim Burton La novia cadáver. Atención al último párrafo.

¿Qué es lo que tenga esa mocosa que tú no tengas de sobra?
Tu bella sonrrisa no se puede comparar,
¿Qué hay de su pulso?
Sobrevalorado está, sobreestimado, exagerado.
Si con nuestros ojos se te viera.

Y en el dedo de esa tonta,
su anillo no está.
Y no toca el piano, ni canta así.
No te puede alcanzar.
Ella puede respirar,
¿Y qué?, no importa,
sobreestimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial.
Si con nuestros ojos se te viera.

Si una vela toco sé que nada sentire.
Si me cortas, es igual, no saldrá bien.
Y yo sé que ella está viva,
Y que muerta yo estoy.
Pero sufro en silencio,
no diréis que no es verdad.
Aún me quedan lágrimas que derramar.

Tal vez no es destacable, en la miserable,
que muy viva está,
sobreestimado, exagerado.
No saben que se trata de un estado temporal,
es pura ley de vida cuando llega el final.
¿Y qué?, no importa, sobrestimado, exagerado.
Tendría que apreciar que eres especial.
Si con nuestros ojos se te viera.

Si una vela toco sé que nada sentiré.
Sobre el hielo,
bajo el sol,
nunca veré.
Y mi corazón responde,
aunque no late se rompe.
Y yo sufro de verdad,
no diréis que no es verdad.
Y aunque sé que muerta estoy
Aún me quedan lágrimas que derramar.

martes, 1 de enero de 2008

"Septiembre de 1903", de Konstantino Kavafis

SEPTIEMBRE DE 1903,
de Konstantino Kavafis.


Aunque sea con engaños, que me ilusione ahora;
pero que no sienta el vacío de mi vida.

Ha estado tan cerca tantas veces.
Mas cómo me paralizaba, cómo me intimidé;
cerrada permaneció mi boca;
llorando dentro de mí el alma vacía,
hundidos en el duelo mis deseos.

Tantas veces estuve tan cerca
de sus ojos, y de sus labios amorosos,
del soñado, del amado cuerpo.
Tantas veces estuve tan cerca.