domingo, 20 de enero de 2008

Hoy no tengo nada que escribir (II)

Y pensar que estuvimos tan cerca... quizá una palabra distinta en cualquier otro momento y las cosas estarían mucho mejor... Supongo que fue el miedo al fracaso (o al triunfo) lo que me hizo quedarme quieto, no hacer ni decir nada. Después, cuando me dí cuenta, ya era demasiado tarde para cambiar las cosas. Un solo gesto distinto y ahora no estaría escribiendo estas palabras; un solo gesto distinto y mi vida entera habría cambiado... a mejor. El jodido temor en momentos clave es lo que me ha hizo fracasar. No dije lo que tenía que decir en el momento de decirlo, y no hice lo que tenía que hacer en el momento de hacerlo. Y por eso ya llevo meses lamentándome, meses mirando al pasado, echándolo de menos, y meses sintiéndome impotente ante esta situación en la que nada puedo hacer. Ha acabado, es el fin, y no quiero aceptarlo. Pero es así y no puedo cambiarlo, es lo que hay.

Y aún hay más. Sé que las cosas van a ir peor. No sé ni la hora, ni el día ni tampoco el mes, pero sé exactamente qué es lo que tiene que suceder para que vayan a peor. Y sé que será pronto. Por eso, a cada día que pasa no veo más que un día menos para el fin de mi vida. Sé que aún estoy a tiempo para conseguir levantarme, para evitar que ese fin llegue en ese momento antes mencionado, pero por desgracia no depende solo de mí. Si no consigo levantarme antes de ese maldito día, todo habrá acabado. No quiero saber qué será de mí entonces.

Y a pesar de lo destrozado que estoy, todavía no puedo dejar de imaginarme lo que me imaginaba antes: los mismos recuerdos, el mismo futuro... Solo que ahora ya sé que nada es real, que nunca lo será, y por eso no puedo evitar odiarme cada vez que pienso en ello. Por eso me odio cada día.

Tengo que darle sesenta veces al boton del móvil para volver a leer el último mensaje tuyo de aquellos tiempos buenos. Sesenta veces. No puedo evitar llorar al leerlos, igual que no puedo evitar llorar al preguntarme cómo hemos acabado así y no encontrar ninguna respuesta. No entendí nunca ese comportamiento hacia mí, nunca supe qué había hecho y nunca obtuve ninguna explicación. Y ahora, como antes, me paso el día pensando en ti, pero con una diferencia: yo ya no te importo. Yo no decidí sacarte de mi vida, fuiste tú la que decidió echarme a mí. Y todavía no sé por qué. Creo que no hay un por qué.

Y lo peor de todo es que todavía te quiero...

4 comentarios:

miss_valentine dijo...

Gracias por leer mi blog, la verdad que ando escasa de gente que lee lo que escribo, pero siempre es bueno saber que alguien te lee.

He leido esta entrada y bueno si quieres un consejo lo mejor es seguir adelante y tratar de dejar el pasado atrás. Se que es muy fácil decirlo, pero hay que tratar de encontrar motivos para sonreirle a la vida.

Saludos!

Erica Contreras dijo...

Es cierto lo que dice la chica del mensaje anterior, hay que mirar hacia adelante, aunque nos resulte difícil... de nada sirve lamentarse. Ánimo.

Un saludo, ilicitano.

Pepe Muñoz dijo...

Gracias a las dos por leer mi blog; sé que hay que salir adelante, pero es muy difícil... pero bueno, tiempo al tiempo, ¿no?

De nuevo, gracias por visitar mi blog.

Ciaooo.

Irae dijo...

Si no fuera porque al final del texto pone "publicado por Pepe Muñoz" diría que ese texto lo he escrito yo. Expresa todo lo que siento ahora mismo y de la manera que yo lo plasmaría en letras.

Ánimo, es lo único que te puedo decir. Es difícil, lo sé, pero seguro que tarde o temprano encuentras algo que te haga olvidar los malos tiempos.

Saludos desde el pueblo vencino.