jueves, 1 de mayo de 2008

El guardián entre el centeno

Mientras seguía andando pensé que Pheobe iba a ese museo todos los sábados como había ido yo. Pensé que vería las mismas cosas que yo había visto, y que sería distinta cada vez que fuera. Y no es que la idea me deprimiera, pero tampoco me puso como unas castañuelas. Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas. Sé que es imposible, pero es una pena. En fin, eso es lo que pensaba mientras andaba.

Fragmento del libro El guardián entre el centeno,
escrito por J. D. Salinger.

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