sábado, 18 de octubre de 2008

Escritos sobre el lenguaje

La dependencia recíproca del pensamiento y el lenguaje hace claro y evidente que las lenguas son propiamente un medio no tanto de presentar la verdad ya conocida cuanta, mucho más, de descubrir la verdad antes desconocida. La diversidad de las lenguas no es una diversidad de sonidos y signos, sino una diversidad de visiones del mundo. La razón y la finalidad última de toda investigación lingüística residen en eso. El acervo de lo conocible, que es el campo que el espíritu ha de trabajar, hállase en el centro entre todas las lenguas e independiente de ellas; a la zona puramente objetiva no puede acercarse el ser humano sino de acuerdo con su modo propio de conocer y de sentir, es decir, solo puede hacerlo por una vía subjetiva. Cabalmente, los sitios donde la investigación toca los puntos más altos y profundos son aquéllos donde el uso mecánico y lógico del entendimiento -el uso más fácil de separar de toda peculiaridad especial- se encuentra al final de su operatividad y donde se inicia un método de percepción y creación internas del cual lo único que está claro es que la verdad objetiva brota de la totalidad de la fuerza individual subjetiva. Tal cosa es posible únicamente con y mediante lengua.

Ahora bien, en cuanto obra de la nación y del pasado, la lengua es algo que le resulta extraño al ser humano; esto hace que por un lado éste quede atado por lo que todas las generaciones anteriores han ido depositando en la lengua, pero por otro lado salga enriquecido, reforzado y estimulado por ello. La lengua, que se contrapone como algo subjetivo a lo concebible, se enfrente como algo objetivo al ser humano. Pues cada una de las lenguas es un eco de la naturaleza universal del hombre; y si bien es cierto que ni siquiera todas las lenguas juntas pueden llegar a convertirse nunca en una copia completa de la subjetividad de la humanidad, no es menos cierto que están aproximándose continuamente a esa meta. Pero a su vez la subjetividad de la humanidad entera va convirtiéndose en sí en algo objetivo. La coincidencia originaria entre el hombre y el mundo, en la cual se basa la posibilidad de todo conocimiento de la verdad, va siendo, por tanto, recuperada fragmento a fragmento y de manera progresiva por la vía de los fenómenos. Pero nunca deja de ser lo objetivo aquello que hay que conquistar; y si bien el ser humano se acerca a ello por la vía subjetiva de una lengua particular, su segundo esfuerzo consiste en aislar lo subjetivo, aunque solo sea trocando una subjetividad por otra, y en disociarlo de lo subjetivo con la mayor fuerza posible.

Wilhelm von Humboldt, Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las diversas épocas de su evolución

viernes, 3 de octubre de 2008

Quercus - Stop Global Warming