martes, 2 de diciembre de 2008

Esperanza unida

A continuación os dejo un relato por el que he obtenido una mención especial castellano en un concurso de comisiones obreras. El relato no es gran cosa, pero me hizo ilusión cuando me llamaron para decirme que me daban este reconocimiento, y por eso os lo dejo aquí por si queréis echarle un vistazo. Se titula Esperanza unida, y la página web del concurso es la siguiente: http://www.fundacionjuanmunizzapico.org/


Febrero de 1947. Hace frío, tanto frío que ni los habitantes más viejos del lugar son capaces de recordar nada igual. El viento hiela las calles de aquel pequeño pueblo de montaña cada vez más desierto. El Sol, apenas visible en lo alto del cielo, deja caer pequeños rayos de luz que hacen despertar un atisbo de esperanza en los pocos pueblerinos que han decidido no emigrar a la gran ciudad.

En una pequeña casa situada al final del pueblo vive María, una viuda de algo más de cuarenta años, que en estos momentos prepara la comida para su hijo. Alguien llama a su puerta y ella va a abrir de inmediato. Es un oficial del ejército.

-Buenos días, oficial. ¿Qué le trae por aquí?

-Tan solo pasaba por el pueblo, a ver qué tal iban las cosas.

-¿Y qué tal van?

-No puedo quejarme.

-¿Desea algo?

-No, nada. Bueno… hace mucho frío ahí afuera, ya sabe.

-¿Le apetece un café?

-Sí, gracias. Eso estaría bien.

El oficial entra al interior de la casa y cierra la puerta a sus espaldas, mientras María prepara el café en la cocina. Durante esos momentos, el oficial aprovecha para curiosear las fotos que adornan las viejas estanterías de la sala de estar.

-¿Este es su hijo? –dice señalando una foto casi reciente.

-Sí, es mi hijo –contesta María, al tiempo que sirve el café del oficial.- Ahora está trabajando. Ya sabe, en la mina.

-Sí, toda la gente de este pueblo trabaja allí –dijo el oficial, que a continuación dio un sorbo de su taza de café- Hace un café espléndido.

-Gracias.

-Dígame, y su marido, ¿también trabaja en la mina?

-No, no. Mi marido murió.

-Oh, vaya, lo lamento mucho –dijo el oficial visiblemente apenado.- El trabajo en la mina es muy duro. Un día parece que todo está bien, y al día siguiente, sin previo aviso, hay un derrumbe, un escape de gas, o cualquier otra cosa, y se lleva la vida de cuantos obreros haya por delante. Bueno, usted ha de saberlo mejor que yo.

-Es un trabajo muy peligroso.

-Aun así, estará orgullosa de su marido. Ser minero es un trabajo de hombres de verdad. Su marido murió como un verdadero hombre. Casi como un héroe, diría yo.

-Murió como un héroe, sí. Pero mucho me temo que se está confundiendo usted, oficial, pues mi marido, aunque dedicó su vida entera al trabajo en la mina, no fue allí donde murió.

-¿Y cómo murió?

-Me lo mataron ustedes –dijo María mirando a los ojos del oficial, que ante la ausencia de pensamientos sobre cómo actuar, optó por abandonar la casa en silencio.

4 comentarios:

Afisionada dijo...

Enhorabuena por el premio! el relato es precioso, te voy a enlazar ;) Un abrazo.

Postal dijo...

Enhorabuena!!! Genial, muy merecido el premio, si señor :)

Muchas felicidades!

Erica Contreras dijo...

Muy buena la historia, me ha gustado mucho.
Felicidades por el premio!

Saludos

Alu dijo...

Un premio muy merecido, no sé como tiene la suficiente fuerza interior como para mirarle a los ojos, yo no podría.

Besitos y si no te comento antes, pasa una Feli Navidad!