domingo, 7 de junio de 2009

Un encuentro

En todos los cuadros de Breleur, la luna, en forma de cruasán, está en posición horizontal, con sus dos extremidades apuntando hacia arriba, como una góndola flotando en las olas de la noche. No es una fantasía del pintor, en Martinica la luna es realmente así. En Europa, el cruasán está de pie: combativo, como un feroz animalito sentado, listo para saltar, o también, si quieren, como una guadaña perfectamente afilada; la luna de Europa es la de guerra. En Martinica, es apacible. Tal vez por eso Ernest (Breleur) le ha prestado un color cálido, dorado; en sus cuadros míticos, representa una felicidad inaccesible.

Es curioso: lo comento con algunos martiniqueses y compruebo que no saben cuál es el aspecto concreto de la luna en el cielo. Pregunto a los europeos: ¿se acuerdan de la luna en Europa? ¿Qué forma tiene cuando llega y cuando se va? No lo saben. El hombre ya no mira al cielo.

Ignorada, la luna ha bajado a los cuadros de Breleur. Pero los que ya no la ven en el cielo tampoco la verán en los cuadros. Estás solo, Ernest. Solo como Martinica en medio de las aguas. Solo como la concupiscencia de Depestre en el monasterio del comunismo. Solo como un cuadro de Van Gogh bajo la mirada idiota de los turistas. Solo como la luna que nadie ve.

Milan Kundera, Un encuentro.

Texto dedicado a un kiri que nunca ha dejado de mirar al cielo y que todavía puede ver la luna. ^^